Cuando alguien nos busca en sufrimiento, nuestro primer instinto suele ser ofrecer soluciones. "Ya pensaste en...", "Lo que deberías hacer es...", "Tuve un problema parecido y..."
Esas intenciones son buenas. Pero muchas veces, quien sufre no necesita arreglo — necesita alguien que testimonie su dolor sin huir de él.
Escuchar sin querer arreglar es una de las formas más profundas de presencia que podemos ofrecer. Significa estar enteros con la incomodidad del otro, sin la urgencia de resolverla.
Esto no significa pasividad o concordancia. Significa confianza en el proceso del otro y respeto por el tiempo que cada persona tiene para metabolizar sus experiencias.
Cuando ofrecemos ese tipo de escucha, creamos espacio para que el otro se sienta visto — lo que, por sí solo, ya es sanación.
Psicoanálisis
Escuchar sin querer arreglar: el arte de la presencia receptiva
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