Decir "no" puede parecer simple — pero para muchas personas, especialmente las socializadas para agradar, es profundamente difícil.
Cuando decimos "sí" a todo, disipamos nuestra energía en direcciones que no elegimos. Quedamos agotados, irritados, resentidos — y frecuentemente con la sensación de que nadie nos ve.
Los límites no son muros que construimos para mantener a los demás afastados. Son cercas que nos protegen para que podamos estar presentes de verdad cuando elijamos estar.
Establecer límites es una habilidad que se desarrolla con práctica. Comienza poco a poco: identificar lo que realmente queremos o no queremos, y encontrar formas respetuosas de comunicar eso.
Con el tiempo, quienes realmente importan se ajustan. Y descubres que tienes más energía — y más presencia — para ofrecer.
Autocuidado
Aprendiendo a decir no: los límites son preservación, no rechazo
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